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 Reliquias Históricas

BOMBA A PALANCA HAMENWAY AND SONS (1852)

El año 1906 el Cuerpo de Bomberos se engalana, después de 11 años gran júbilo en nuestra ciudad origina la llegada de la primera “bomba de palanca a tracción humana”, la cual fue donada por el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, quienes la importaron desde Estados Unidos en 1852 y construida por Hamenway and Sons; máquina que había prestado largos y valiosos servicios a la Institución portuaria. Tal situación demostró la capacidad resolutiva, emprendedora y de gestión del Directorio General, que comprendió la relevancia de disponer de tal máquina que utilizaba el agua, más otros elementos complementarios, haciendo de esta adquisición bomberil un hecho inédito e histórico, más aún cuando no se conocía este tipo de artilugio que serviría en las Compañías. Recordemos que el primer vehículo que circuló por las calles castreñas fue sólo en el decenio de 1930.

Era lo más moderno y causó admiración en la comunidad cuando fue desembarcada por una especie de botes planos llamados “chatas” desde el navío “Pudeto” que lo trasladó desde Puerto Montt al puerto local. Una auténtica procesión contempló y acompañó a la pequeña bomba al conducirla hasta el cuartel y, el orgullo sentido no sólo por los bomberos sino por toda la población local que veía satisfechos sus anhelos de mayor resguardo. Por otra parte, se comprobaba como la Institución adquiría mayor relevancia y proyección. Su incorporación definitiva, inmersa en el característico bautizo y recepción pública con las autoridades civiles y bomberiles, fue una auténtica fiesta comunitaria.

La característica de la maquinaria era de una Bomba a Brazos o Palanca, apodada “El bombín”, por el movimiento de brazos que debían hacer los bomberos ubicados a pares o de a tres, en ambos lados de los mangos de madera unidos a una barra metálica que atravesaba la pieza. Para accionarla efectuaban un movimiento uniforme y regular de “sube…baja…” con gritos al unísono de “agua…fuego”, alternándose cada tres o cinco minutos porque el bombeo con las palancas los agotaba en no más de 15 minutos, debiendo trabajar en turnos al ritmo de “agua…fuego”. Con tal acción provocaban una inyección de aire a presión al engranaje interno de unas estructuras tubulares, lo cual derivaba en que el agua surgiera con relativa fuerza por su salida de unión anillada de 65 mm. hacia el clásico pitón y la sola línea de manguera que podía operar en un siniestro. Era un auténtico ariete sobre ruedas, que en su costado tenía una entrada de agua donde se le unía un chorizo que, instalado en una acequia o pozo surtía a la bomba de agua para proyectarla posteriormente con la fuerza manual de los bomberos al pitón. Estaba equipado además con dos ruedas recubiertas de fierro y palillos, conexas a una viga de madera en cuya punta tenía una estructura de fierro similar a una argolla, dicha pieza servía de eje para las ruedas, dándoles el giro requerido para su desplazamiento en cualquier dirección. Se suponía que desde allí se amarraban uno o dos caballos para conducirla a mayor velocidad, sin embargo la Compañía utilizó voluntarios para este fin, ya que con sólo dos de ellos podían efectuar tal acción sin muchas complicaciones, o sea, a tracción humana. También disponía de dos soportes metálicos en la otra sección como apoyo a toda la estructura en sustitución de las ruedas. Así, al detener la pequeña bomba para laborar se sostenía firmemente, evitándose vibraciones u otros movimientos, aunque se requería de gran esfuerzo para hacerla funcionar.

Sin duda, una máquina simple y sin mayores complicaciones o elementos técnicos, que resultaba impactante para los castreños de entonces verla trabajar. Fue la bomba que concurrió a todos los incendios desde 1906 y se incorporó como material mayor a la Primera Compañía, aunque en esos años el trabajo ejecutivo con la bomba a brazos se compartía en una acción conjunta con la Segunda. Hoy esta reliquia bomberil se encuentra asignada a la 3ª compañía del Cuerpo de Bomberos de Castro, fundada el 1º de Mayo de 1926 con el lema “Deber y Abnegación”.





BOMBA MANUAL G.A. FISCHER GÖRLITZ (Década del 30)

Reliquia bomberil que mantiene bajo su cuidado la 4ª Cía. del Cuerpo de Bomberos de Castro, fundada el 11 de Junio de 1933 con el lema “ Cooperación y Superación”.

A mediados de la década del 30 se recibieron las buenas nuevas de la llegada de la bomba. El Cuerpo formado la espero en el puerto de Castro, porque llegó por vía marítima. La comunidad satisfecha y emocionada comentaba sobre sus detalles técnicos. Era una bomba manual, tipo carretón, con motor a explosión a bencina sobre la estructura, de 4 tiempos, marca G.A. FISCHER GÖRLITZ, de 4 cilindros. Posee un cuerpo de bomba en la sección posterior, totalmente de bronce, con manómetro de presión de salida, cebador y los elementos técnicos complementarios. Estaba dotada de 6 chorizos, 2 salidas de agua para mangueras de 70 mm. Importada por la firma Folsch y Cía. de Valparaíso. Fue una verdadera sensación para su época y debía ser conducida por bomberos de fuerte contextura quienes la tiraban desde un pértigo metálico tipo lanza moviendo así sus dos ruedas recubiertas de una huincha de fierro. En medio de la emergencia y con los bomberos corriendo alcanzaba gran velocidad , y los voluntarios se reemplazaban o turnaban para que no minimizara dicho impulso. El material menor: mangueras, pitones, gemelos y otros accesorios eran conducidos a fuerza de brazos o en cajoneras ad oc.

Con esta bomba se efectuaron excelentes trabajos, respondió eficientemente por más de 16 años a las exigencias sometidas, siendo muy estimada por los cuartinos que la apodaron cariñosamente como la “Burrita”, cumpliendo con notable regularidad, razón que motivó que se convirtiera en el orgullo de los cuartinos. Esta denominación , ya que para comenzar a funcionar, al momento de encenderla se taimaba y era porfiada para partir como decían los voluntarios. Fue su principal elemento de apoyo en todas las contigencias y, sus maquinistas y técnicos se empeñaron en cuidarla, repararla, empavonarla y adornarla, obteniendo el mejor rendimiento, constituyéndose en el centro neurálgico de la acción, y bomba vitál en los diversos servicios bomberiles.

Hasta la segunda mitad de los años 50 asistió impulsada por los voluntarios que acudían a todos los llamados de emergencia.

En el año 1950 las únicas máquinas del cuerpo de bomberos eran el Ford A de la Segunda y la Bomba manual de la Cuarta, y existía preocupación por su mantención, por ello en virtud de una orden de comandancia que solicita que se revise dichas máquinas se concluye que: “...la bombita de la cuarta está en perfectas condiciones para laborar...”


BOMBA –AUTOMÓVIL FORD A., V8 (1940)

Esta Bomba se encuentra bajo el cuidado de la Segunda Compañía del Cuerpo de Bomberos de Castro, “Bomba Chiloe-España”, fundada el 29 de abril de 1900, bajo el lema “Unión y confraternidad”. La bomba , bautizada cariñosamente como la joyita es la única que puede señalar que durante su trayectoria bomberil paseó a tres presidentes de la república.

En 1941 Castro tenía una población de 5.049 habitantes y su planta urbana se había extendido. Según la “Guía de Informaciones Policiales de la Provincia de Chiloé” en 1942 los “...límites urbanos de la ciudad (eran) al Norte, calle Larga (Sargento Aldea), y Punta de Chonos, Ten-Ten, al Sur Estero Lo Gamboa (y Pedro Aguirre Cerda), al Este, calle La Marina, formada por Pedro Montt, Lillo y Aguirre Cerda, al Oeste, calle Freire...”. Por lo tanto, el Cuerpo de Bomberos requería urgentemente una renovación del material mayor, corroborado en la praxis por los constantes siniestros a inicios de los años ‘40, que preocupaban a los castreños, especialmente ya que desde 1935 comienza la novedad de los Seguros contra incendios, muchas veces usufructuados de mala forma.

El Gobierno de don Juan Antonio Ríos (1942-1946) beneficia a la ciudadanía castreña con un nuevo carro-bomba. Necesidad sentida por los bomberos de la Segunda Compañía a fin de concretar una labor más efectiva, máxime que era la única Compañía sin disponer de material mayor.

El Alcalde del período don Felipe Montiel Márquez, bombero segundino, recibe durante su administración este artilugio, y en el discurso de bienvenida ante autoridades, invitados especiales, delegaciones bomberiles ancuditanas, chonchinas y vecinos, hizo recuerdos de “...los momentos difíciles que atravesaba esta ciudad con motivo de los diversos y catastróficos incendios (y) esta tierra... ha sabido mantenerse por la virilidad de su esfuerzo (y) la pujanza tenaz de sus hijos...”, expresa además que esta Bomba fue adquirida en 1942 prácticamente con fondos propios recolectados por la Segunda Compañía, aprovechando las garantías y beneficios otorgados tras los incendios por la Caja de Crédito Hipotecario, siendo intermediaria la firma importadora “Hermann Hnos. y Gastellú Ltda.” de Concepción, cuya carrocería fue armada en “Lavanchi Hnos.” de Santiago.

La máquina es una Bomba-automóvil, marca Ford A, V.8, modelo año 1940, Champion-Tipo M con motor; importada directamente de las fábricas norteamericanas. Destacaba por su amplio compartimento trasero para voluntarios, escaleras laterales de madera barnizadas, “chorizos” succionadores o mangueras semirígidas de succión en sus costados, campana-alarma sobre el pasamanos trasero, acelerador manual regulable, sistema de refrigeración automático, cuatro “pollos” o carretes en sus costados, que son estructuras circulares unidas a un eje central para guardado de mangueras. Su cabina, con capacidad para dos personas, contaba con instrumental inglés (Bronce Brushed Movement), y presentaba los siguientes detalles técnicos: palanca al piso con cuatro cambios y enganche en neutro al operar la turbina, marcador de libras (150 de presión) de entrada hídrica a la turbina, freno de mano, cuenta revoluciones marcado de 400, toma de aire para partida, luz alta y baja, amperímetro (carga de batería), marcada de combustible con tres parámetros: vacío, medio, lleno, marcador de temperatura indicando caliente, tibio, frío, además una batería de seis volts, que no es común en vehículos. Tiene dos salidas de agua, arrojando 1.800 lts. por minuto, con una altura por pitón de hasta 30 metros. No poseía estanque de agua, sino que era sustituido por una excelente turbina que funcionaba arrojando con fuerza el agua succionada, su mejor arma técnica. La sirena destellante sobre la cabina y el “papú” o bocina manual operado por el copiloto, fueron comprados a posteriori por los segundinos e incorporados a la bomba.

Pintado de color rojo destacaba desde cualquier lugar; sus líneas y figuras funcionales aero-dinámicas le daban notoriedad y estabilidad. Alcanzaba la extraordinaria velocidad de 100 km/hr, en resumen, una bomba último modelo, revolucionaria, orgullo tecnológico de esa época, máxime que en Castro de entonces existían sólo dos pequeños vehículos que la comunidad acostumbraba identificar.

Su ascenso por la empinada calle Blanco fue un jolgorio, el Ford A encabezaba el desfile, manejado por primera vez con un conductor de la Segunda: don Domingo Arneric Yurac, rodeado de un gran séquito que la acompañaba para su bautizo definitivo en la Plaza de Armas.

Bomba con historia; el 4 de febrero se solicita el apoyo al Cuerpo de Bomberos por parte del Municipio con motivo de la visita de S.E., el Presidente de la República, don Juan Antonio Ríos Morales.

Así el Ford A comenzaba a convertirse en el vehículo oficial presidencial de Castro, ya que paseaba por la ciudad a las ilustres visitas desde 1944. Este primer mandatario fue quien inició el recorrer las calles de la ciudad aquel mes de febrero como pasajero en la bomba, la única que dignificaba tal misión y el mayor orgullo ciudadano, saludando desde la cabina trasera a la comunidad que se amontonaba en las calles por donde transitaba el Ford. Al retornar a Santiago, envió colaboración para el Cuerpo de Bomberos y también para la ciudad, recordando sus paseos en tan estimada bomba.

En marzo de 1948 el Alcalde don René Tapia Salgado invita al Presidente de la República don Gabriel González Videla que se encontraba en Puerto Varas para inaugurar la cancha de aviación del reciente Club Aéreo. Los preparativos se realizan rápidamente, pues no se tenía certeza de su visita. Llega junto a su Sra. y Comitiva vía aérea, amarizando en el puerto castreño en un avión Catalina, piloteado por el aviador chilote Horacio Barrientos Cofré quien años más tarde en un famoso “raid” unió Chile con la Isla de Pascua, por vez primera.

Desde nuestro principal paseo público al aeródromo iban como pasajeros el Presidente y su esposa, el Gobernador y bombero segundino don Guillermo Águila Soto, Alcalde, Autoridades, damas, todos escoltados y atendidos exclusivamente por bomberos de la Segunda Compañía, sin intervenir su comitiva oficial. Se desplazaban raudamente en el sector de Gamboa a la inauguración de la pista de aterrizaje, donde estaba preparado un curanto para la ilustre visita, en el intertanto se invita a más personas a sumarse al jolgorio, implicando un mayor número y peso extra al Ford A, estrategia planificada previamente.

De regreso al puerto, después de inaugurar tan relevante obra pública, deben atravesar el puente Gamboa, el Presidente de pie agradecía la euforia del pueblo que estaba en la calle, cuando de repente se quiebra un pilote determinado tumbando la máquina, quedando en un balanceo con peligro de caer al río y con la desesperación de quienes transportaba, afortunadamente las estructuras transversales sujetaron al vehículo motorizado. Con mucha sicología, totalmente tranquilo, en forma instantánea el Presidente González Videla inquirió: “...al parecer desea un nuevo puente Señor Alcalde...”; abrazándolo, “¡¡ No sólo puente nuevo voy a hacerle. Le haré el puente y muchas otras cosas más!!”, la respuesta es recibida satisfactoriamente. No hubo desgracias personales, pese a que se había estudiado la supuesta anomalía, bajan los pasajeros y cruzan caminando el puente, mientras tanto el Ford A sin personal ni comitiva, sólo con el conductor se desplaza convenientemente sobre dicha estructura. Más tarde las autoridades son reembarcadas luego de sacar del escollo al vehículo bomberil y recorren Castro transportados en la Bomba hasta su despedida definitiva.

El año 1953 nuevamente le corresponde a la Bomba ser anfitrión presidencial, trasladando y conduciendo al Presidente don Carlos Ibáñez del Campo, quien arriba al puerto de Castro en un buque de guerra, visitando otros lugares en avión. Sobre la cabina del Ford A sube por calle Blanco saludando a los habitantes que concurren mayoritariamente a recibirlo. Ocasión donde bomberos de la Segunda más sus mascotas infantiles le sirven de Guardia de Honor, recorriendo Castro por diversos sectores. Así, todas las visitas ilustres eran paseadas con el Auto-Bomba castreño, servicio bomberil sine qua non e imprescindible ante la comunidad isleña.

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