Santiago de Castro, desde su fundación en febrero de 1567, con su historia de cuatro siglos y décadas, ha sufrido múltiples siniestros que, legítimamente podemos denominarla la "Pirópolis del Sur de Chile". Estas fechas ígneas han sido de tanta gravedad que se constituyen en hitos a rememorar por antonomasia, identificándose tal año con el hecho ocurrido. Sin embargo, en todos los tiempos, su devenir como ciudad mostraba cicatrices de un pasado anómalo que templaba a sus habitantes, afrontando estoicamente y reponiéndose ante la adversidad. De esta manera, los progresos urbanísticos cambiaban rápidamente el rostro de Castro, ya que a intervalos muy cortos los incendios reducían a escombros manzanas y calles completas que luego eran reedificadas. Castro era ciudad ígnea y eran tantos y frecuentes los siniestros que, como refería Joaquín Edwards Bello a otra urbe, podría llamarse "Incendiópolis".
Así, puntualizamos en el terremoto e incendio de 1575 cuando recién se formaba la ciudad; el año 1600 con el saqueo y quema total por el corsario holandés Baltazar de Cordes, situación repetida en 1643, acción a cargo del corsario Enrique Brouwer; hechos que obligan al vecindario a dispersarse, adoptando una vida en ruralidad, perdiéndose todo vestigio de su traza urbana.
En septiembre de 1768 un rayo cayó sobre la torre de la iglesia jesuita de Castro, quemando parcialmente el templo. El Padre Fray Pedro González de Agüeros en su "Descripción Historial de Chiloé" acota que: "...en el año 1772 acaeció el incendio de la Parroquia o Matriz de aquella ciudad...". En 1786 y 1787, sendos terremotos y siniestros prosiguen la secuela destructiva en Chiloé. Asimismo indicamos que en 1784 un incendio que duró dos hrs. consumió 19 casas en Achao que, deben haber estado muy ceñidas; la iglesia se salvó porque distaba "...como unas seis casas más arriba..." desde donde comenzó el incendio. La casa inmediata a la iglesia pudo ser desarmada antes que llegara el fuego, "...y con esta diligencia y misericordia de Dios que movió el viento del Este al Sur, se consiguió el beneficio de verla libre de aquel susto...", según manifiesta el sacerdote Juan Bautista Periano en carta al Intendente Francisco Hurtado, citado en el libro "Gobierno y Sociedad en Chiloé Colonial" del historiador Rodolfo Urbina Burgos.

Transcurridos algunos decenios, Castro lentamente recupera su ritmo de crecimiento, aunque su karma de fuego continúa cerniéndose. Las datas 1832 y la del 7 de noviembre de 1837 en la madrugada indican que dos movimientos telúricos de proporciones se producen en Chiloé, más la destrucción de los edificios y casas con el incendio derivado que afecta la ciudad de Castro; más tarde, el 22 de marzo de 1857 a las 20:30 hrs. un pavoroso incendio destruye el Colegio Franciscano y parte de las casas. El Colegio era un enorme edificio de madera de dos pisos y ocupaba una manzana completa. En los "Apuntes históricos del P. Francisco Cárcamo Pérez", dice: "... entre las ocho y nueve de la noche, estando toda la comunidad religiosa en el refectorio, un foco de fuego que se advirtió por la parte del noviciado, al lado septentrional del primer cuadrilátero del edificio en los altos junto a la Sacristía, fue suficiente para que en menos de dos hrs. redujera a cenizas todo aquel vasto edificio incluso la nueva Iglesia. Grandes fueron entonces los quebrantos, que produjo en todos tan aciago momento; incluso las pérdidas que la comunidad tuvo que lamentar, deplorables las desgracias, incluso la muerte de un triste anciano, que por estar enfermo en cama no le fue posible salir, y nadie lo advirtió, en medio de tanta confusión, y forzoso fue que sirviera de pábulo a la voracidad del elemento destructor. En esta noche verdaderamente fatal, cuyo recuerdo hace todavía vertir abundantes lágrimas, se consumieron la mayor parte de los ornamentos y vasos sagrados, la mayor parte de la biblioteca, y muchísimos útiles del convento incluso el archivo en donde pereció una multitud de documentos y manuscritos de suma importancia. Las mismas campanas de la iglesia, entre ellas había una bien importante por su tamaño y por su antigüedad, pues era uno de los mejores recuerdos que allí habían dejado los expatriados regulares, se volvieron una masa uniforme con la violencia del fuego. Sin embargo, ninguno de los vecinos tuvo pérdidas que lamentar, porque ninguna casa particular de la población se incendió fuera del edificio del convento...". En el año 1868 había tenido lugar un nuevo incendio en el Colegio, edificio que se había reconstruido totalmente. El P. Francisco Cárcamo Pérez indicaba: "...pero felizmente lograse extinguir el fuego a costa de grandes esfuerzos, después de haber consumido como unos treinta metros del edificio, más que menos, que por estar algo separado del edificio principal, sólo servía de pesebre a los caballos. Sin embargo, la sorpresa fue terrible, pues eran más de las diez de la noche, hora en que toda la comunidad está recogida tomando el necesario descanso, la casa estaba llena de paja para pienso en los caballos; y el viento recio y favorable para propagar las llamas al edificio principal que formaba un claustro bastante espacioso, circunstancias todas en aquel momento hacían creer la destrucción completa de todo el Convento; por consiguiente la extinción del fuego no podía menos que atribuirse a un singular beneficio de la Providencia Divina. La pérdida solo consistió en el edificio y en seis caballos que pernoctaban encerrados dentro...". El 12 de octubre de 1882 nuevamente se incendia el tercer cuerpo de dicho edificio. El 20 de Julio de 1895 se produce el siniestro de mayor envergadura, prácticamente arrasó con el pueblo; testimonio escrito en el periódico "El Chiloé", pág. 1, dice: "CRÓNICA. EL GRAN INCENDIO DEL DÍA 13. Escribimos todavía bajo la dolorosa impresión que nos produjo la catástrofe de que fue víctima nuestro pueblo en las primeras horas de la mañana del aciago día 13.
¡La ciudad dormía tranquilamente cuando a la 1 y ½ A.M. de ese día la fatídica voz de ¡fuego! despertaba a sus confiados habitantes.
Las campanas tañeron también luego con ronco i fúnebre sonido llevando la nueva a los alrededores i campos vecinos...
El fuego había hecho su aparición en la cocina de la casa-habitación de don Luis Barquero, situada en la primera cuadra de la calle de "Blanco" a media cuadra de la plaza "Arturo Prat". El lugar era bien central y bien luego la mencionada casa y las contiguas se convirtieron en imponente hoguera.
Se pudo en el primer momento circunscribir el fuego a tres o cuatro casas, destruyendo la de don Francisco Águila S.: desgraciadamente como sucede en estos casos, vino la confusión, los vecinos se ocupaban en vaciar sus casas y el pueblo que acudía presuroso al lugar amagado no tuvo ni agua, ni baldes, ni hachas, ni escaleras con qué hacer frente al terrible enemigo...
Faltó también en ese primer y solemne instante una voz que dirija y ordene el trabajo y aconseje medidas de precaución.
Como era de esperarlo, el fuego se propagó a las casas vecinas a una y otra acera de la expresada calle y desde ese momento se creyó una temeridad disputarle su presa al terrible elemento. Seguía pues éste su obra destructora y con vertiginosa rapidez se extendía también a las calles vecinas. No se oía ya sino el estridente ruido del fuego que devoraba casa tras casa y el ronco sonido del maderaje que se desplomaba...
Toda la ciudad estaba en inminente peligro. El pueblo así lo comprendió y para detener al enemigo en su marcha triunfal hizo un último esfuerzo. Por el lado norte de la calle de "Serrano" se echaron abajo dos casas y en un momento hombres y mujeres extrajeron sus escombros. Se refrescaron las casas con baldes de agua, frasadas mojadas, con barro y aquí se trabajó con tanta abnegación y heroísmo que hora después el fuego detenía su obra deboradora. Esta medida salvó a media ciudad.
Otra partida de valientes ciudadanos le disputaban su presa al fuego por el lado E. de la calle del "Blanco" impidiéndole su entrada a la calle principal, mientras otros esforzados voluntarios hacían otro tanto por el lado S. el calle "Serrano", salvándose la casa de don Daniel Gómez y demás de su cuadra.
Encerrado así el fuego y atacado con éxito por estos tres lados se ponía a salvo una parte importante de la población. Pero entretanto, el enemigo seguía devorando todos los edificios de la segunda y tercera cuadra de la calle de "Blanco" y parecía una temeridad disputarle aquí su presa. Sin embargo, un último esfuerzo se hizo por este lado destruyendo la casa de don Francisco Gómez P. Esta prudente medida dio felizmente buen resultado. El fuego quedaba así cortado después de rudo y brutal trabajo. Eran las 8 ½ A.M. En poco más de 6 hrs. había consumido las siguientes propiedades:
- Casas-habitaciones, tiendas y despachos incendiados:
- Casa de don Solano Pacheco
- Despacho de don Luis Barquero.
- Casa de don Ricardo Garai.
- Id. de don Enérico Garai, ocupada por la escuela elemental de niñas.
- Casa de don Francisco Águila.
- Despacho de don José Mª Escudero.
- Casa de don Darío García.
- Id. de la sucesión de don Juan Díaz.
- Id. de doña de Petronila C. v. de Díaz.
- Tienda de doña Petronila C.v. de Díaz.
- Casa de don Belisario Bahamonde.
- Tienda de don Belisario Bahamonde.
- Casa de don Samuel Subiabre.
- Tienda de don Samuel Subiabre.
- Casa de don Patricio Díaz.
- Tienda de don Patricio Díaz.
- Casa de Antonio Gómez P.
- Despacho de don José Calisto.
- Casa de la sucesión de don Melchor Gómez, ocupado los altos por vivienda del juez de letras, don Manuel Lavados O., y el piso de abajo por secretaria y oficina del juzgado.
- Casa de don José Mª Andrade.
- Depósito de licores de don Rudecindo Cárdenas O.
- Despacho de doña Elisa Díaz.
- Casa de don Francisco Díaz.
- Id. de don Antonio Díaz.
- Despacho de don Braulio Díaz.
- Casa de don Ignacio Velásquez.
- Despacho de don Pedro Mª Gutiérrez.
- Casa de don Antonio Gómez P.
- Tienda de don Antonio Gómez P.
- Casa de don Bernardino Bórquez.
- Id. de don Juan B. Osorio.
- Casa de don Antonio Gómez P.
- Hotel de don Daniel Montiel.
- Casa de don Laureano Vera, ocupada la parte baja por la administración de Correos y la oficina de Vacuna.
- Casa de don Bernardino Triviño.
- Tienda de don Bernardino Triviño.
- Casa de don Bernardino Triviño.
- Tienda de don Ramón Vidal.
- Casa de don Domingo Canobra.
- Tienda de señores Barrientos Hnos.
- Casa de don Domingo Canobra.
- Tienda de don Domingo Canobra.
- Casa de don Antonio Aguilar.
- Despacho de don Antonio Aguilar.
- Casa de don Manuel Vidal.
- Id. de don Manuel Oyarzún.
- Tienda de don Manuel Oyarzún.
- Edificios destruídos para cortar el fuego:
- Casa de don Francisco Gómez P.
- Casa de la sucesión de don José Gallardo.
- Id. de don Francisco Saldivia.
- Despacho de doña Emilia C. v. de Garai.
- Carnicería de don Pedro Güiquen.
- Casa de doña Mercedes C. v. de Cárcamo.
Sufrieron deterioros de más o menos consideración, por esta misma causa:
- Casa de la sucesión de don Manuel Boilesvé, habitada por don Carlos Warner.
- Id. de don Francisco Bórquez, ocupada los altos por nuestra imprenta y los bajos por la droguería de don Manuel Miranda V.
- Id. de don Nicanor Mancilla
- Y algunas otras que no recordamos.
Los hechos trágicos anteriores y, derivado del último gran incendio del siglo XIX, fueron el acicate y motivo para fundar el CUERPO DE BOMBEROS DE CASTRO al año siguiente: 1896, emulando a la ciudad de Ancud, que ya contaba con dicha institución bomberil, también por las mismas experiencias.

Existía preocupación e inquietud en la comunidad, se requería de una vez por todas organizarse ante el "callado bandolero", como llamó al fuego Pablo Neruda, el enemigo cotidiano castreño. Los vecinos más connotados, autoridades y habitantes en general dialogan durante los meses siguientes de aquel entonces. Entre algunos don Juan Christie Dangle, agente de vapores; don Manuel Miranda Velásquez, doctor; don Guillermo Aguilar, industrial; don Antonio Bórquez P., profesor; don Manuel Montiel y don José del Carmen Vidal, ambos mueblistas, don Basilio Maldonado Alarcón, empleado público; don Manuel Vargas Vargas, capitán de puerto; don Patricio Díaz Sánchez, don Antonio Gómez Pereira, don Belisario Bahamonde Andrade, don Domingo Canobra B., don Jorge Oberreuter González, don Juan Barrientos Barría, entre otros. Múltiples reuniones entre amigos y conocidos concluyeron en la necesidad creciente de proteger a la ciudadanía y sus bienes materiales de la acción del fuego, siendo el impulso que permitió a un grupo de visionarios vecinos, hombres idealistas y con profundo sentido social, fundar el Domingo 08 de marzo de 1896 al Cuerpo de Bomberos de Castro como Institución Pública, motivados en gran parte por el apoyo moral y económico de la población a los comisionados respectivos.

Decíamos que el Cuerpo de Bomberos de Castro fue fundado un 8 de marzo de 1896. Este hecho histórico se gestó en la Sesión Extraordinaria, cuya Acta de Fundación clarifica tal hito, anotado de puño y letra de los connotados vecinos asistentes. Por su importancia testimonial la reproducimos íntegramente:
"En la ciudad de Castro a 1º de marzo de 1896, reunidos los suscritos en el Hotel Central a las 18:30 hrs. para intercambiar ideas sobre la organización de un Cuerpo de Bomberos en esta ciudad, bajo la Presidencia provisoria del Sr. Patricio Díaz Sánchez y como Secretario en el mismo carácter, don Manuel Vargas Vargas; nombrados por unanimidad, se acordó lo siguiente:
PRIMERO: Nombrar una comisión de cinco vecinos de este pueblo, para que éstos recolecten dinero, a fin de que el domingo 8 de marzo a la misma hora y lugar den cuenta de su cometido.
SEGUNDO: La comisión por mayoría de votos quedó compuesta por los señores Juan Christie Dangle, Antonio Gómez Pereira, Belisario Bahamonde Andrade, Patricio Díaz Sánchez y Manuel Vargas Vargas.
TERCERO: Reunirse el domingo 8 del corriente en el mismo lugar a fin de nombrar el Directorio del Cuerpo de Bomberos.
CUARTO: El dinero que se recolecte se destinará especialmente en adquirir útiles para la formación de una Compañía de Hachas y Escalas…".
Esta Acta es firmada por los integrantes de la comisión y vecinos de la ciudad de Castro que se reunieron en ese entonces.
Durante una semana se recorren las casas solicitando la cooperación, se dialoga e informa a las familias, se producen reuniones, las autoridades locales se esfuerzan para incentivar a la comunidad, estableciendo no sólo cajas públicas sino transmitiendo lo importante del hecho… en suma, se efectuó una activa labor, en donde el ritmo urbano - social giró en torno de la creación institucional bomberil castreña.
Transcurren los días y el documento histórico manifiesta lo siguiente: "...El día Domingo 08 de marzo de 1896, en la ciudad de Castro, reunidos los suscritos en el Hotel Central, a las 18:30 hrs., bajo la Presidencia de don Juan Christie Dangle, como miembro de la comisión recolectora de fondos de dinero, y de los vocales y directores Sres.: Antonio Gómez Pereira, Patricio Díaz Sánchez, Belisario Bahamonde Andrade y Manuel Vargas Vargas, y demás asistentes, se procedió a tratar sobre lo siguiente:
La comisión nombrada dio cuenta de haber recolectado entre los vecinos de este pueblo la cantidad de $ 425,00. En virtud de esta exposición y teniendo en consideración que con esta cantidad podrían obtenerse los útiles más indispensables para la organización de una Compañía de "Hachas y Escalas", se procedió a elegir el Directorio General del Cuerpo de Bomberos, compuesto de un Superintendente, dos Comandantes, un Tesorero General y un Secretario General. Quedando constituido de la siguiente forma:
SUPERINTENDENTE
:
don Belisario Bahamonde Andrade.
COMANDANTE
:
don Juan Christie Dangle.
2º COMANDANTE:
don Manuel Miranda Velásquez.
TESORERO GENERAL:
don Domingo Canobra B.
SECRETARIO GENERAL:
don Manuel Vargas Vargas.
A continuación se procedió a elegir un Directorio para la Primera Compañía de "Hachas y Escalas", quedando formado de la siguiente manera:
DIRECTOR:
don Jorge Oberreuter González.
CAPITÁN:
don Basilio Maldonado Alarcón.
TENIENTE:
don Juan Barrientos Barría.
AYUDANTE:
don José María Escudero S.
SECRETARIO - TESORERO:
don José Antonio Bórquez P.
El Notario y Conservador don David Gómez García refrenda el Acta Constitutiva con su firma y timbre al pie del Acta. A continuación firman todos los asistentes a la reunión…"
De esta manera, de hecho y de derecho se funda el Cuerpo de Bomberos de Castro; nacía una noble institución de servicio. La cita finaliza entre vítores, aplausos y abrazos, junto a las tareas, buenos deseos, responsabilidades a emprender y todo lo inherente a la puesta en marcha de la organización bomberil. Alegrías de marzo para Chiloé y principalmente en la comunidad castreña, unida en este gran objetivo. La semilla del servicio público sembrada cayó en terreno fértil, dando sus frutos. El segundo Cuerpo de Bomberos fundado en la Provincia Insular irrumpía en el país con solidez, en un tránsito histórico permanente en el tiempo; precisamente gracias a la conjunción notable con la sociedad local, de donde arranca la nutriente que germina anualmente, no sólo por sus integrantes que la potencian, sino por el apoyo constante dado, porque en el fondo es su propia institución.
La elección de las directivas mencionadas fue por mayoría de votos de la Asamblea reunida, aunque con antelación se mencionaban algunos nombres no sólo por su espíritu de trabajo y entrega, sino por ser garantía de buen desempeño, entusiasmo y probos en la vida cotidiana, única manera de elegir a los mejores en estas altas funciones. Una treintena de vecinos se incorporan como bomberos-voluntarios, estampando sus respectivas firmas. Lo concerniente a los cargos, funciones, aspectos administrativos, ejecutivos y otros fue imitado de otros Cuerpos, especialmente del de Ancud, empero, adaptados algunos a la realidad inicial de Castro. Esa tarde histórica se constituyó en el más destacado estímulo para la ciudad y comunidad, en el sentido de unificación y consecución cuando se proponen metas nobles y esperanzas futuristas. El periódico "La Voz de Ancud", del año III, Nº 71, del 24/03/1896 informó de este hecho de la siguiente manera:
"...CUERPO DE BOMBEROS DE CASTRO
El día 8 del corriente mes se organizó en el vecino departamento esta filantrópica institución.
Desde tiempo atrás se venía trabajando por llevar a la práctica esta idea; i es sensible que se haya esperado que un siniestro de vastas proporciones viniera a evidenciar la necesidad que Castro tenía de que se ofrecieran al servicio de la noble causa el alma generosa i el brazo esforzado de su juventud.
Es cierto que en Castro se presentan inconvenientes mayores que en otros pueblos para el establecimiento de un cuerpo de bomberos: desde luego no hay agua en la población. Pero para hacerla venir a las calles hay relativa facilidad. La labor como se presenta hoy, y como se presentaba en épocas anteriores, es labor de entusiasmo i desprendimiento.
El gran incendio de abril ha acrecentado el primero, pero al mismo tiempo ha producido circunstancias desfavorables para el segundo, el cuerpo de bomberos de Castro necesita apoyo.
Se ha elegido el siguiente directorio:
Superintendente Belisario Bahamonde.
Comandante Juan Christie.
2º id. Manuel Miranda V.
Tesorero general J. Domingo Canobra.
Secretario general Manuel Vargas.
Podemos asegurar desde luego que el nombramiento de Comandante es garantía de prosperidad para la institución: el Sr. Christie es un caballero entusiasta i trabajador.
¿Vendrán las pasiones políticas qué todo lo destruyen en Castro a hacer sentir su maléfica influencia en los cuarteles de bomberos?.
Esperamos que no; porque si tal sucediera se habría presentado la causa única que puede hacer imposible la vida de una institución de esta naturaleza...". El vaticinio del articulista no se cumplió y la institución bomberil, pese a todo, se estructuró eficientemente para un óptimo desempeño, sin las contingencias de todo tipo que afectan a cualquier organización si esta no es sólida comunitariamente.